jueves, 10 de junio de 2010

Cocina periodística a base de fuentes

Si al escuchar la palabra “fuente” un periodista piensa en una rica ensalada de pasta o en un suculento postre tiene un problema: o está hambriento, o aún no advirtió cómo funciona esto de su oficio. Porque ya que hablamos de comida, el periodismo es como cocinar, un acto de pasión, paciencia, dedicación y amor, y las fuentes informativas son como la sal. Carlos Rodríguez lo sabe bien. Un veterano sin Vietnam, a secas, aunque ha comprobado que una redacción de diario puede ser el peor de los infiernos. Más de treinta años periodísticos en sus espaldas lo acompañan siempre, uno detrás de otro, le cuesta reconocerlo, “desde el 69”, dice, ¿estuvo en Woodstock? Podría ser. Medio desaliñado, con canas en su semi-melena, barbudo y con anteojos, un tipo sencillo y tranquilo que utiliza libretita, de las de antes.

Del hambre no se puede escapar, y el periodismo es una cocina de manjares variopintos, dulces, amargos e indigestos. Pero ya se sabe, antes hay que salir a comprar. “Hay que conocer los lugares donde pasa el hecho, hay que ir, hay que estar donde suceden las cosas, no ser solamente un periodista por teléfono”, cuenta Rodríguez. A él, por supuesto, le gusta andar por los mercados de los acontecimientos, seleccionar los mejores productos, frescos, del día. Pero siempre habrá acomodados gustosos de catering y delivery, “hay periodistas y periodistas telefónicos. Estos son los que hablan por teléfono y nunca van al lugar del crimen. Nunca conocen la cara de los implicados y eso se nota, no hay contacto directo con las fuentes”.

Crimen, implicados… Carlos Rodríguez se dedica a los policiales y a asuntos de sociedad en el diario Página 12, donde llegó rebotado desde la sección de política después de una pelea con un jefe, ya le iba la acción. “Lo agradezco, para mí es más fácil y más grato trabajar en sociedad, los temas son mucho más amplios y me es mejor”. De la cocina de diseño a la parrilla de barrio, cambio drástico, pero uno tiene que hacer su trabajo a gusto, donde se sienta bien. “Ser periodista es para disfrutarlo, no para sufrirlo. Es algo que a uno le gusta hacer y tiene que hacerlo bien y exigir que se haga bien”. Perfecto. Lomitos de policiales y choripanes de sociedad diarios, con pasión y entrega.

Pero el mercado de fuentes de Carlos Rodríguez no es un cómodo y accesible Shopping, hay que saber moverse, saber a dónde ir y sobretodo, qué se busca. Desde el 83 hasta hoy, el puesto de las fuentes políticas mejoró, “en política, desde el 10 de diciembre de 1983 para acá, el acceso a la información es mucho más fácil para los periodistas. Hay más fuentes y más lugares donde concurrir. A diferencia de entonces, ahora el congreso es una fuente de información muy importante”. Ofertas en el Congreso, “levante nomás, papi”, dirían.

¿Y en policiales, el plato estrella de Rodríguez? “Habría que empezar a revisar las fuentes habituales. En la Argentina, ahora son los fiscales los que investigan y llevan la información, son los que tienen información permanente. Conseguir el teléfono del fiscal que se encarga del caso es la fuente más directa desde el punto de vista de la justicia”. O sea, información 24 horas, ese kiosco salvador… “Hay que saber a qué hora llamar, qué preguntar. A Daniel Rodríguez, un oficial de policía con el que tenía una relación personal, jefe de prensa y un tipo que hablaba de más, lo molestaba en horarios sinceramente locos y siempre me respondió. Es muy raro esto, no sé si es porque era mi tocayo”.

1983 también supuso un cambio en las fuentes policiales, explica Rodríguez, “en los años de la dictadura era imposible acceder a la fuente policial, pero ahora es más accesible… pero tampoco tanto. La policía bonaerense no tiene un buen departamento de prensa, la federal sí, 4370-5353, ya me lo sé de memoria”. Aunque no es de los “telefónicos”, digno sería ver su teléfono, en su escritorio de Página 12, con las teclas del 3, el 4, el 5, el 7 y el 0 bien gastadas por años de constantes consultas. Y claro, hay que insistir para conseguir ingredientes especiales, diferenciados, exóticos, que levanten interés, “la información policial es muy seca, muy dura, si quieres detalles tienes que establecer una relación telefónica y por ahí encuentras a ese Daniel Rodríguez. En general es una información escueta y directa”.

Pero no sólo de lomitos de policiales vive la “parrilla de Carlos”, los choripanes de sociedad se despachan bien en un país con gran oferta de fuentes sociales. “La Argentina es el país más protestón del mundo, hay organizaciones sociales para todo. Hay excesos, es cierto, pero para el periodismo es muy importante. Hay gente que se encarga de reclamar por cualquier cosa que pase en algún lugar, eso te abre las puertas a los lugares de difícil acceso”. Parece ser que en la Argentina quien busca encuentra, aunque a quien encuentra, puede pasar que lo busquen. Depende todo como se mire, y de cuánto molestes a los de arriba.

Tristemente, eso era el pan de cada día unos años antes de 1983, una fecha que parece ser la receta de las fuentes “libres”, la que afortunadamente impulsó una apertura general en cuanto al acceso a la información en la Argentina. Un vasto mercado de fuentes que se abrió y sigue abierto delante de los ojos de aquellos periodistas que se atrevan a no abusar del teléfono y a recorrer calles, comisarías, instituciones, “escenas del crimen” y cantidad de recónditos y curiosos lugares por descubrir, siempre habrá alguien con ganas de hablar. Un panorama alentador, pareciera, pero Rodríguez tiene los pies en el suelo. “El periodismo argentino es bastante lamentable y depende de las nuevas generaciones cambiarlo. Está bien defender una línea política, pero no mentir. Y hoy es lo que se hace a través de los medios”.

Porque no todo son banquetes de boda saliendo a recorrer el mercado de las fuentes, algún que otro mal trago se vive con la buena actividad periodística. Aunque a veces el peligro está en la propia cocina: fuego, cuchillos y otros utensilios. “He escuchado jefes obligar a los redactores a cambiar radicalmente lo que habían escrito. Yo ante una cosa así me he ido a mi casa, uno tiene que acostumbrarse a marcar el punto de respeto, hay que fijar límites desde el comienzo”. Ante todo libertad, respeto a uno mismo y amor al oficio. Después de todo, nadie está obligado a nada. En teoría.

“Ser periodista es para disfrutarlo, no para sufrirlo”. Por si acaso a alguien ya se le había olvidado.


Aleix Duran Ayxendri

jueves, 6 de mayo de 2010

CREER EN EL INDEC O NO CREER EN EL INDEC…ESA ES LA CUESTIÓN

La puerta del aula 202 estaba entreabierta, invitando a quien se aventurara por el eterno pasillo de la Universidad Torcuato Di Tella a infiltrarse y espiar. Y acepté la invitación. ¿Qué es lo que logra hipnotizar mi cuerpo y absorberlo hacia el interior de ese salón que parece tan común como cualquier otro? Fácil…el silencio incontaminado que allí se respira. Me arriesgaría a decir que si alguien estornudara, sería algo muy parecido al estallido de la tercera Guerra Mundial. ¿No es insólito que en un espacio que guarda a 65 personas el silencio sea el único soberano? No es muy visto en estos días, pero encontré la fuente del milagro. Ahí, de espalda a la clase, se alza la imponente figura de Manuel Rocha-Nan. De facciones duras y avasallantes, el Licenciado en Economía, con un Master en Finanzas, sabe cómo hacer de la Historia del Pensamiento Económico algo masticable. Fue Sectorialista para la Dirección General de Estadísticas y Censos de Córdoba, Consultor para el Consejo Federal de Inversiones, Analista Financiero en el Banco Galicia y Economista Senior en el Ministerio de Economía. A sus 32 años… ¿qué no ha hecho este hombre? “Nunca fui entrevistado”, me dijo entre halagado y enardecido; mientras sus alumnos desfilaban rumbo al receso y él ocupaba su lugar detrás de un endeble escritorio de madera. Su mirada enérgica gritaba “vos preguntame que yo no me callo nada”, y esa fue la luz verde que necesitaba para arrancar…

1. D: Mucho se habló, se habla y se seguirá hablando acerca del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Podrías contarme… ¿Cuál es la función que debería cumplir?
M: Mirá, la principal función que debería cumplir es la brindar estadísticas confiables, oportunas, relevantes, y transparentes a toda la sociedad. Además, es el organismo que debería regular y fijar las pautas con las que se producen los datos estadísticos, no sólo a nivel nacional sino también a nivel provincial y municipal.

2. D: Y vos… ¿crees que está cumpliendo con ese rol?
M: Una tibia masa de aire sale con brusquedad de sus fosas nasales. Sólo dura un segundo o menos si es posible, y en su cara se asoma la típica sonrisa altanera de medio lado, que acompaña sus palabras. ¿Hace falta que te lo diga? Se ríe. Una risa potente como su voz. No, no lo creo.

3. D: ¿Por qué?
M: Bueno, no podría decir que las estadísticas que actualmente produce el INDEC gozan de confiabilidad en un 100%. Es vox populi que los índices de precios, en especial el IPC (Índice de Precios al Consumidor), no están reflejando adecuadamente el incremento de precios que se verifica en la realidad. Sin embargo, el organismo todavía produce información relevante que no pudo ser sustituida por otra alternativa superadora o de mayor confianza, por ejemplo las estadísticas macroeconómicas que se refieren a las cuentas nacionales e internacionales. El problema está en que los precios relevados en el IPC y en otros índices, muchas veces son insumos para la producción de otras estadísticas lo que afecta la credibilidad de éstas. Es como un cáncer que se va esparciendo por toda la producción del organismo público: seguramente habrá órganos más comprometidos que otros, pero en definitiva todos están enfermos. Además, está la cuestión de la transparencia de la información. El INDEC retrocedió mucho respecto a sus pares latinoamericanos, porque se negó sistemáticamente el acceso a las metodologías de cálculo de los distintos indicadores, y esto dificulta la evaluación de la calidad de las estadísticas que hoy produce el organismo.

4. D: El viernes pasado, la directora del INDEC, Ana María Edwin, dijo que “los números de la economía siguen dando bien y, en marzo, creció la economía y el consumo con respecto al mes pasado”. En cambio, Mario Blejer, el economista que estuvo a punto de reemplazar a Redrado en el Banco Central, aseguró que “El INDEC está creando inflación”… ¿Qué pensás al respecto?
M: En realidad, las dos afirmaciones no tienen porqué contradecirse. Suponéte, una economía puede tranquilamente crecer con inflación. Lo que sí es cierto, es que si la inflación está mal medida por el INDEC, es decir, si está subestimada, entonces la economía no está creciendo a la misma tasa que afirma el gobierno, sino a una menor.
Por otra parte, lo que el Sr. Blejer está diciendo es que el INDEC puede estar generando expectativas inflacionarias en los agentes económicos mayores a las que habría en caso de que las estadísticas fueran confiables como en el pasado. En este sentido se dice que el INDEC está generando inflación. El hecho de no poder contar con un verdadero termómetro para medir el incremento de precios hace que la gente se deje llevar por sus propias percepciones de lo para ellas es la verdadera inflación y así, lo único que consiguen es exacerbar el proceso.

5. D: Como dijiste antes, El INDEC está diciendo a todas luces que los datos que proporciona no son correctos, y es obvio que la inflación es mayor de la que nos dice… ¿podés evocar una cifra aproximada?
M: Posiblemente te puedo casi asegurar, que la cifra se encuentra cerca del 25% anual.

6. D: Y… ¿Hay probabilidades de que esa cifra siga aumentando en lo que queda del año?
M: Posibilidades siempre hay. Todo depende que cómo el gobierno maneje las variables fiscales y cambiarias. Teniendo en cuenta que se acerca un período electoral, el gobierno puede aumentar el gasto público más allá de lo que los recursos presupuestarios le permiten y esto lo obligaría a financiarse con emisión monetaria. Por otra parte si la economía verdaderamente está creciendo, la capacidad instalada ociosa va a ir disminuyendo, y si la inversión no acompaña el proceso, las presiones por el lado de la demanda no van a poder ser compensadas con mayor oferta y el resultado va a ser un mayor nivel de precios.

7. D: Y la inflación… ¿alimenta el consumo?
M: No es tan así. Lo que verdaderamente alimenta el consumo no es la inflación sino el aumento del poder adquisitivo de los hogares. Cuando la inflación sobrepasa ciertos niveles, los ajustes de salarios siempre van rezagados a los aumentos de precios y el poder adquisitivo se deteriora, y esto afecta al consumo.

8. D: Siguiendo con este tema, sabés que hace unos días, el vicepresidente Cobos aseguró que para combatir la inflación primero hay que sincerar "los números del INDEC" porque los datos del organismo generan "incertidumbre y dudas" que se trasladan a todo… Vos, ¿qué políticas asumirías para pelear contra la inflación?
M: Algo escuché. Mirá, en primer lugar fortalecería la independencia del Banco Central para que verdaderamente se enfoque en la misión de “preservar el valor de la moneda”. Además, defiendo la idea de que tiene que implementar, cuanto antes, políticas de metas de inflación. Obviamente, para esto es necesario sincerar las estadísticas oficiales de precios. Y finalmente, apelaría a los instrumentos fiscales a través de un mayor control del gasto público para no generar más presión de demanda.
A mediano y largo plazo, las políticas se tendrían que focalizar en mejorar la calidad institucional del país, para generar la confianza necesaria en los inversores y así lograr un shock de inversión que a la larga redunde en una mayor oferta de bienes y servicios.

9. D: Y… ¿Pensás que es posible normalizar las relaciones con el Fondo Monetario Internacional si no se resuelve el tema del INDEC?
M: Comprime con fuerza los labios, lo piensa, abre la boca pero no emite sonido. La vuelve a cerrar, hasta que las ideas se acomodan y larga un: Lo veo difícil. ¿Sabés por qué? Todos los países miembros del Fondo acordaron, al momento de ingresar a este organismo internacional, proveer de estadísticas confiables para ayudar al diseño de políticas económicas. Y Argentina… ¿lo está cumpliendo? Creo que no hace falta contestar…

10. D: Y vos… ¿recomendarías recomponer las relaciones con el Fondo?
M: Por supuesto. Siempre es bueno tener al alcance de la mano fondos frescos a tasas razonables para paliar situaciones de stress económico o de crisis. Es como un reaseguro. “Mejor prevenir que lamentar dijo alguien una vez, y tiene toda la razón”.

11. D: Estoy de acuerdo. Para ir terminando… ¿Hay algo que no te haya preguntado y que desearías agregar?
M: Sí, no me preguntaste cómo me siento en este momento. (Lo soltó sin titubear, con un toque de seriedad y diversión. Ningún sonido más disparó su boca. Esperaba que yo hiciera los honores y cumpliera con las formalidades)

12. D: Bueno, me agarraste. No era la pregunta que esperaba. Pero igual contáme… ¿Cómo te sentís?
M: Por un lado, me siento alguien prestigioso, importante. Y por otro lado, me siento como un participante de Feliz Domingo –levanta la ceja izquierda, esboza una media sonrisa y con un tono burlesco remata-… Pero no me vas a regalar un viaje a Bariloche ¿No? (Risas)


Daiana D. Mediña

miércoles, 28 de abril de 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

Crimen, castigo y “Nunca más”

El 24 de marzo no es una fecha más para los argentinos. Se conmemora el día en que un movimiento cívico-militar usurpó el Estado, iniciando así la etapa más negra de nuestra historia. Plaza de Mayo es el escenario elegido todos los años para que agrupaciones de diversos partidos políticos y otros ciudadanos se congreguen a repudiar el golpe de Estado de 1976.
Treinta y cuatro años atrás, estas calles se veían colmadas de militares con metralletas y tanques. Hoy, Avenida de Mayo se ve alfombrada por volantes y propaganda de repudio. La censura, el Falcón verde y el terror infundado por Videla y su banda de cobardes eran, por esos días, el denominador común. Hoy, el ciudadano argentino recuerda tristemente que treinta mil personas desaparecieron durante el Proceso y pide justicia en nombre de las víctimas. Inunda de banderas y pancartas las calles del Microcentro en un feriado atípico. Los grafittis serán mañana un dolor de cabeza para los dueños de los negocios. Pequeño precio a pagar para que “Nunca Más” se repita aquel nefasto capítulo.
No hay trajes ni desfile de taxis y colectivos, no hay aglomeraciones en los subtes y paradas de micros, no hay mesas de bares repletas de extranjeros, no hay flashes ni cámaras de video filmando la entrada del Café Tortoni o la Casa Rosada. No hay calle Florida en la que no entre ni un alfiler. Solo hay argentinos caminando hacia la Plaza. 40.000 personas se dan al encuentro solidario en ella, no importa la ideología ni su bandera política, comparten el dolor del pasado, y lo reflejan en sus rostros.
No faltan agrupaciones como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo (lideradas por Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto) y grupos oficialistas, que se hacen presentes para vitorear el nombre de Cristina Fernández de Kirchner. También acuden a la cita grupos de izquierda anti-kirchneristas como la organización Encuentro Memoria Verdad y Justicia o el Movimiento Socialista de los Trabajadores.
No faltan los oportunistas, como Matías, que vende remeras a diez pesos con la inscripción “Ni olvido, ni perdón” en la boca de subte de la estación Piedras de la línea A. “Algunos pesos sacó con esto”, piensa. “Nací en el 85, no la sufrí, pero mis viejos sí. Nosotros, los jóvenes, tenemos que tener memoria porque mis viejos o mis abuelos no van a estar mañana para recordarme las atrocidades que hicieron”, agrega.
Como Matías, miles de personas subieron al subte, al colectivo o a sus autos para llegar a tiempo. Nadie quiso perderse la reunión, para demandar verdad y justicia, para reclamar que los culpables sean condenados, para que la tragedia y los crímenes de lesa humanidad no vuelvan a repetirse jamás.

Carlos Martínez

viernes, 26 de marzo de 2010

Derrota

Se va calzando sus guantes de box y tira su visera en la mochila. Mira con ojos amenazantes a su rival. Suena el gong y da unos pocos pasos para estudiarlo. Recuerda los consejos de su coach como un libro abierto: “Jab y gancho directo a los intestinos”.
Son tres minutos que se perpetúan, tiene todo calculado, hasta ya piensa en el antidoping posterior, reza que dé negativo, obvio, para poder ir a festejar.
El libro se cierra súbitamente con un uppercut al grueso de su maxilar inferior que lo desploma a la lona. Eran tres minutos pero fueron sólo diez segundos de locura.
La derrota lo alcanzó una vez más. A volver al gym, a saltar la cuerda y a pegarle a la bolsa.

Carlos Martínez

jueves, 25 de marzo de 2010

Calma interrumpida

Cientos de estudiantes hemos tomado la calle. No se trata de ninguna protesta, es la hora del recreo. La UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales- cuenta con distintas sedes ubicadas en calle Paraguay. A falta de un espacio propio donde agolparnos durante el recreo, los estudiantes nos reunimos en coro ocupando ambas veredas, que durante treinta minutos se reinventan como lugar de encuentro. Salimos del centro para tomar el aire, relajarnos y aislarnos unos minutos de las exigencias lectivas. Allí me topo con Javier, estudiante de periodismo y fiel compañero de fatigas, quien me cuenta la última del día. Mientras mi oído presta atención a sus palabras, mis ojos se desvían a observar los múltiples quehaceres de los estudiantes. Unos inhalan enérgicamente el humo del cigarrillo saciando por unos minutos sus ansias de nicotina; otros se escapan al quiosco de la esquina a comprar el café consabido que les permitirá reanudar las clases con más optimismo si cabe; otros aprovechan para acercarse a la fotocopiadora para adquirir el dosier de tal o cual materia; otros charlan animadamente mientras sus palabras se hacen casi ininteligibles con el ruido de los autos y los colectivos que circulan atropelladamente. De repente, una mujer llama mi atención. Avanza con paso dubitativo. Algo le ronda por la cabeza y creo saber qué es. Ante sí se ha levantado un muro humano que le obstaculiza el paso. Duda si bajar la acera y pasar al otro lado de la calle pero el tráfico es denso y no encuentra el momento de cruzar. Su rostro refleja enojo y frustración. No le queda otra que adentrarse entre la muchedumbre. Ahí va. Finalmente consigue abrirse paso a empujones. Mientras mi compañero sigue contándome la anécdota del día, me doy cuenta que ganamos la calle y la hicimos nuestra. Los transeúntes van a tener que armarse de paciencia y acabar quizá pidiendo perdón por andar por la misma vereda.

Judith Torras

De aguas y folklores

Agua, maldita agua que se filtra por cualquier recoveco y enchastra y moja –claro- absolutamente todo. Así como en la Bombonera, el domingo pasado, cuando los locales y los de River intentaron jugar a algo parecido al fútbol. No pudieron, no estaban las condiciones dadas. El agua, la maldita agua no drenó. Lógico: la cantidad de papelitos, serpentinas y otros chiches lo impidieron. Es parte del fervor, parte de lo que conocemos como folklore, el a veces absurdo folklore que hasta puede matar –y que lo cuente, sino, Roberto Basile, aquel malogrado hincha de Racing, portador del cuello que encontró la bengala perdida, una tarde de 1983, en la cancha de Boca, casualmente-. Ese folklore que no estuvo tan presente en la segunda fecha, en la Bombonera, también, cuando el xeneize jugó contra Lanús. Sin embargo sí estuvo la maldita agua -ese día llovió como nunca-, pero pudo fluir, al menos, y la pelota, como pudo, rodó.

Estamos acostumbrados al folklore, “así es el folklore del fútbol”, justificamos; entonces mejor agarrémonos con el agua, la maldita e incontrolable agua que nos arruinó el último domingo estival y el más emocionante e importante partido del fútbol argentino, postergándolo hasta hoy, un triste jueves con horario de oficina. Para esta tarde no hay pronósticos de tormentas, pero sí de locales, visitantes o empates. Y también habrá agua, maldita agua, cayendo de los ojos de los hinchas de Boca y River, ya sea por no poder disfrutar in situ de lo que conocemos como Superclásico, o por emocionarse con los goles, o indignarse con los siempre injustos fallos arbitrales. Esto también es folklore, pero con eso, mejor no meterse.

Ezequiel Ruiz

Memoria en contra del olvido


“El engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el punto final a las bestias de aquel infierno, la pobre inocencia de la gente y los años sin voz”. Según León Gieco, “todo está guardado en la memoria”, pero hay que sumarle al canto un nuevo lugar: la sala 13 del Centro Cultural de Recoleta.

A medida que se flota por los pasillos de este establecimiento, casi percibiendo el final del camino, una reseña atrapa la atención: “Luchando juntos encontraremos la verdad”. Eso es todo; la señal escueta para que los pies cobren vida y recorran el camino hacia el pasado o mejor dicho, “un pasado”. Aquel que Enrique Rodríguez Larreta, un ciudadano uruguayo víctima de secuestro y torturas del ‘76, reconstruyó con esmero, sudor y lágrimas con un objetivo: ponerle candando a otro capítulo de la historia argentina, el caso “Orletti”.
Una cortina de tela corroída sirve como máquina del tiempo. El 19 de marzo de 2010 deja de existir. El público es arrastrado a una época oscura del país; deja de ser un simple espectador para calzarse el traje de víctima. Se encuentra en un gran salón de 6 u 8 metros por 30 de largo. Las paredes húmedas y enmohecidas reflejan las arrugas típicas de los años, el suelo está de luto, en el centro permanece erguido un tanque de agua testigo de atrocidades, y hacia el fondo se alza la escalera de concreto con destino a la muerte. El ensordecedor chillido de una cortina metálica que no deja de abrirse y cerrarse interrumpe cualquier pensamiento. Bienvenidos al taller mecánico “Automotores Orletti”, el infierno de Floresta; la capital de asesinatos y secuestros consumados por las fuerzas conjuntas argentinas y uruguayas, en el marco del Plan Cóndor.
Los escombros del desdichado pasado pesan. Por eso, los ojos se pierden por la habitación a la velocidad de la luz, buscando cualquier vía de escape. Afortunadamente, en el piso, unas cintas rojas que simulan la sangre de los caídos conducen a otro misterioso sitio. Al principio, el intermitente brillo confunde la vista. Pero luego, el paisaje se despeja. De cuatro paredes blancas como la nieve, cuelgan largas listas de desaparecidos, recortes periodísticos que lograron pasar el tamiz de la censura o se dejaron pasar como mensajeros del terror, un testimonio escrito sobre la violación de los derechos humanos que eriza hasta la piel del más indiferente, cartas que hablan por sí solas, planos que reviven cada rincón del taller mecánico. Si se deja perder en el silencio, un murmullo se escuchará. Proviene de una radio. Es el comunicado Nº 21 leído por el oficial de inteligencia del Ejército, José Nino Gavazzo.
El suelo tiembla, el escenario cambia. Última parada: el juicio. “Se llama al estrado al señor Enrique Rodríguez Larreta”. Se lo citó para declarar como testigo ante la justicia uruguaya, sobre la responsabilidad de los militares en los actos criminales que tuvieron lugar en Argentina. El proceso todavía está abierto; pero el viaje termina… por ahora.
De lunes a viernes de 14 a 21, y los sábados, domingos y feriados de 10 a 21; una grieta se abre rumbo a 1976. Es una invitación sin costo que caduca el 11 de abril, y devela la aventura de un padre en busca de la libertad de su hijo secuestrado; un acto impulsado por el sentido de justicia y el coraje ciudadano, que señala la crisis de una sociedad y una cultura fusilada por la violencia.

Daiana D. Mediña

jueves, 18 de marzo de 2010

Contrastes

18 de marzo. 9.20 AM. Disipada la niebla matutina, la humedad -que mata- ocupó el mismo aire que un puñado de estudiantes y gremialistas de SADOP, quienes se manifestaban en contra de la remoción de la docente Diana Lacal, cargo que perdió por decisión de las autoridades de UCES.

La consigna “UCES no uses a tus profesores”, escupida una y otra vez por un par de bafles montados en una camioneta blanca, se apoyaba sobre un playlist a “puro rock nacional”. Casualmente, eran las mismas canciones que se escucharon en el acto organizado por el PRO, el día en que Mauricio Macri ganó la Ciudad de Buenos Aires.

Volantes, pecheras partidarias y hasta patrulleros, se hicieron presentes en las cuatro esquinas de Uruguay y Paraguay: la misma parafernalia que le da color a cualquier manifestación, nada más que esta, a diferencia de otras, tuvo difusión casi exclusivamente por Facebook. Desde ese frívolo cyberespacio, se hizo la convocatoria a esta marcha, que en contraposición a la realizada ayer por los estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales -en apoyo a sus docentes-, no cortó ninguna calle ni alzó pancarta alguna.

Ezequiel Ruiz

jueves, 11 de marzo de 2010

SOY UN CLARINETE

Soy un clarinete. Aunque de madera de ébano de la remota sabana africana, un clarinete común, de color negro. Negro de luto, de tristeza, de abandono. ¿Saben cuando uno va a dormir y siente un vacío en el pecho? No tengo pecho, pero lo siento. Me siento vacío de música, de aire. Me siento mal porque aquel que me adquirió hace tantos años ya no me quiere tanto. Me quiere, sí, me toca, me besa, me llena de saliva; pero no es como antes. Se terminó la pasión adolescente de las tardes de ensayo, se terminaron los viajes por Europa con aquella orquesta moderna.

Se terminó. Él dice que no le aseguro ningún futuro cierto. Que sí, que tal vez algún día me sacará de mi cálido estuche para volver a los escenarios. Si me hubiera cambiado por un bandoneón… ¡Qué lindo instrumento! Pero no, le ha dado la mayor parte de su amor a una cosa que se llama periodismo; que nombre monótono, rutinario y triste. Sí, definitivamente el amor es ciego. Y un poco interesado.


Aleix Duran Ayxendri

A FALTA DE MÚSICA, BUENO ES EL PERIODISMO

La casualidad, el desinterés por las ciencias exactas y la dificultad de prosperar en el ámbito musical llevan a Aleix Duran al oficio periodístico.


Aleix Duran, clarinetista de profesión, está plenamente sumergido, a día de hoy, en el ejercicio de la actividad periodística. “No sabía que hacer con mi vida, tenía que decidir rápido y en estos momentos la música no da de comer”, explica este catalán de 21 años que, gracias a la casualidad, la incertidumbre y la presión, ha encontrado en el periodismo una nueva luz en su vida, un nuevo camino profesional que, según contó a este periódico, le apasiona.


Y es que este hecho supone un gran cambio para la vida del músico, que ha tenido que abandonar a Mozart, Stravinsky y Benny Goodman por figuras como Kapuscinsky o Eduardo Galeano, y eso sin mencionar la difícil y pesada tarea de estar al día. “Hasta ahora poco me importaba la realidad, mi mayor preocupación era la interpretación de las partituras y tocar afinado”.


Aunque tratándose de dos mundos aparentemente distintos, la humanidad, el sentimiento y la sinceridad son factores artísticos que Aleix intenta trasladar ahora al ejercicio periodístico. Dos oficios diferentes, un común denominador: transmitir.


Aleix Duran Ayxendri

11 de marzo de 2010